Tribulaciones de una dragona

lunes, marzo 16, 2015

Catarsis

Es extraño. Hace años que no escribo en este blog. Que no le presto ningún tipo de atención.  Y sin embargo, aquí estoy ahora.
No se muy bien por qué. Quizás, es un simple acto reflejo ante una necesidad de la que todo aquel que alguna vez ha sido picado por el gusanillo de la escritura ha tenido alguna vez. Tal vez, por una suerte de instinto, de vuelta a los orígenes. La espontaneidad de plantarse frente a un teclado (uno táctil en la pantalla del teléfono, en mi caso) y simplemente dejar volar todo aquello que se me pasa por la cabeza.

Es algo que echo en falta. Y este blog fue una semilla para lo que de simple afición pasase a ser profesión.
Hoy es un día como otro cualquiera. La rutina del día a día. Levantarse, desayunar, trabajar, volver a casa,cenar y dormir. Tengo aprenas una hora para mi, hora que pocas veces puedo dedicar a nada. Ni juego, ni veo nada, ni escribo, ni hago música, sino todo lo contrario. Depende de como me pille el dia. A veces solo me tumbó en la cama, después de ducharme y antes de dormir, a pensar en mis cosas. Otras aprovecho para intentar acallar a la criatura que vive dentro de mi. Pocas veces es suficiente. Es justo lo que intento hoy.
Todo el que ha sido tocado por la musa de la creatividad sabe lo que es, esa necesidad irrefrenable de plasmar, sea como sea y mediante el arte que corresponda, el grito de la criatura.

Pintura, música, escritura, programación, escultura...son caras de la misma moneda. Cuando se da rienda suelta a la bestia, te embriagas de su almizcle, bebes de su sangre y ella de la tuya. Como un licántropo que toma doble forma y es libre, poderoso, elegante pero letal.
Es una sensación que provoca adicción.

El problema es cuando te enfrentas a la realidad del día a día. Una sociedad donde menos es mas. Donde el lobo es enemigo, donde es perseguido. Donde se premia la mediocridad. Y se encadena al licantropo para que aunque llegue a dislumbrar la mayor de las lunas nuevas, nunca pueda salir a cazar.
Donde la rutina diaria es nuestro bozal.

Y aqui me encuentro ahora. Siento la llamada en mi interior. Como una tromba de agua, mi corazón  me pide libertad,  poder volcar esa creatividad que tengo aprisionada, liberar a la bestia, sin miedo a cadenas, bozales o correas. Sin un camino que seguir, pauta que respetar. Sin un motivo. Sin una razón.  Sin nada más.

Es ironía que con esa necesidad no cumpla con mi responsabilidad. Hay muchos medios en los que tengo compromiso. Y de los que personalmente, por un lado me siento mal por no cumplir. Pero por otro, no quiero verme ahí.

Nada es perfecto. No pretendo serlo yo tampoco. Estoy bastante lejos de eso. Pero siento un vacío. Cuando veo hacia donde gira el mundo, me pregunto como pueden funcionar las cosas como lo intentan ahora. En unos, te arrebatan tu memoria. En otros, ves un intento de ser pez que se disfraza de tiburón.  En otros, simplemente ecos.
Y tu, en el medio.

¿Por que escribo aquí, en lugar de cumplir con el deber?
Por que aquí no hay límite. No hay vergüenza . No hay juicios. No hay nada más que el papel (o mejor dicho, la pantalla) y tu.
Por que el lobo necesita salir a cazar de vez en cuando.

No se si volveré. Quizás es solo el inicio de un diario que solo yo entiendo. Tal vez solo el desahogo que por otros medios ya no puedo liberar. En cualquier caso...aquí estoy otra vez. Alfa y omega.

Pero si lo hago, no me responsabilizo  de lo que aquí se pueda leer. Probablemente no te guste ver a la bestia alterada en acción.